viernes, 30 de noviembre de 2007

Y he aqui el resultado mas brillante de la semana de la ciencia, por uno de nuestros ilustres conferenciantes

A quien quiera leer, y sepa:
Bien sabido es de vuessas mercedes que no intervengo en cuitas ajenas, ni participo en el grande cruce epistolar que usan, pues aplícome el dicho castellano de ver, oír, y callar, que sabiamente me enseñó mi madre. Lo que no obsta, ni es óbice o valladar para que, ante lo dicho durante estos días, en lo que se refiere a la mezcla de uevos y papas, por un lado; y referido a nuestro señor Felipe, nuestro Rei Prudente, hijo de Carlos, Emperador y César, por el otro, nobleza obligue, y me sienta presto de responder a vuessas mercedes, para defacer tales bellaquerías.
Por tanto lo primero, vengo a dezir que el citado torneo en el que se habrá de comprobar la maestría en la cochura de esa mezcla debiera façerse en grande reunión de sartenes y estómagos, todos por llenar, las primeras antes y después los segundos. En cuanto se refiere a quien haya de ocupar el lugar principal, para decidir la bondad de las viandas allí preparadas, pues sean vuessas mercedes quienes por su buen juicio lo digan, si bien habré de pedirles que pueda yo catarlas y dezir mi opinión. Cabrán incluso aquellas mezclas malhechas, desas que la sesera de quien las haga y coma con gusto diga que no están secas; pues pobre ignorante es quien entiende que una torta (o tortilla, que así las llaman) para no resultar seca como la tierra agostada ha de dejarse con el uevo a medio cuajar, y así espero que Dios nuestro Señor lo confunda y perdone cuando le llame a su Divina Presencia. Pues cualquier estómago algo más que bien agradecido sabe que una tortilla con buen gusto, y que no esté reseca, ha de façerse con talento y mucha paçiencia y tiempo; y no con priesas de pillastre y malas artes. Y, desse modo, resulta suave a las bocas e fácil de tragar, con el uevo prieto y las papas (y la cebolla, quiera Dios que nunca me olvide della) fritas como es menester.
Y por lo segundo, léanse antes la Historia, y luego las crónicas de la Villa y Corte. Valga dezir primero que la papa fue traída de las Indias Occidentales, tras ser glosada su cosecha en el Imperio Inca en tiempos de don Francisco Pizarro, conquistador de aquellas tierras. La fecha desse lance no es precisa, pero viene a ser en la segunda mitad del siglo XVI, bajo el reinado en el Imperio de Nuestro Señor Felipe. Mala fortuna la dessa planta, que habría de emplearse para alimento de la plebe y del ganado, sobre todo de puercos (que, sin perdón, así se llaman), o para embarcarla como rancho en naos atlánticas. Y peor aún, cuando aceptado que hubiérase de cultivar para tan humilde destino, sufriera plagas de hongos e insectos, que provocaron grandes hambrunas e mortandad de bestias ed omes, siendo acusada de haber traído de las Indias males infames. Hidalgos altivos murieron de fambre antes de probar tal tubérculo, por temor a tales males que Dios sabe quién inventó, y con qué fin.
Cambióse su nombre por el de patata en la tierra de Nuestro Señor, pues no es de buen ver que una planta tan humilde lleve el nombre del Príncipe de la Santa Madre Iglesia, el Papa de Roma. Empero, si de la tierra sale lo que se comen las bestias y las gentes de baja estofa, su flor es fermosa, y para la fortuna de la papa (o patata), aprecióse en la corte del rey Luis XIV, Rey Sol. Pues fue él quien usando flores de patata adornando su ropaje, y aceptando que fuese servida en sus salones, la dignificó, con el trabajo incansable del señor Parmentier, que engañando a la plebe de París, haciéndole creer que era un alimento de privilegio, y permitiéndole que se la hurtasen, hizo que todos la yantaran. Pues, no en vano, dicen los hijos de la Francia a la patata "pomme de terre"; y cortadas en tiras y fritas, conócense en las Indias de la pérfida Albión como "french fries". Confunda Dios nuestro Señor a tales ingleses de, además de herejes, tienen por desgracia no saber apreciar la buena mesa, y así se alimentan (que no comen ni disfrutan dello) de verduras coçidas y manteca.
Por tanto, dígole a todos que sean juiciosos en la lectura de las Crónicas Matritenses, pues que el señor Felipe nuestro rey la probara alguna vez poco pudiera façer a favor de que todos la comieran, con uevo o sin él. Y, según mi juicio, pobre del cocinero que le diera de probar tan humilde vianda al hijo del César, sin que estuviera en peligro su vida o empleo. Ni hubo tiempo apenas, según el poco juicio que me ofrecen mis cortas entendederas, de que un alimento tan nuevo y tan maldicho entrase en la corte, ni siquiera por la puerta de la urgencia en atender la muy gran fambre del monarca, puesto que fue llamado por Dios nuestro Señor antes del final del siglo XVI.
Dicho esto, quedo a disposición de vuessas mercedes, para lo que hubiera menester. Y para que las malas lenguas no hayan de decir que perro ladrador es poco mordedor, heme aquí presentando pruebas dello, para su mejor juicio. Y vive Dios que me salió cojonuda!

Ad calamitatem quilibet rumor valet.

Antonino Complutensis, Malacitano Putativus

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